Carlos Andrey Vargas Araya

Espero no extrañarte más

Espero no extrañarte más.
Mas el hombre nació sentenciado
a guardar brasas vivas en el pecho,
a besar sombras,
a dialogar con la memoria
cuando la madrugada le descose las heridas.


Te abrazaba como se abraza el agua,
sabiendo que huye entre los dedos,
pero apretando igual,
apretando,
como si el amor tuviese fuerza
para vencer la física del tiempo.


La eternidad no pierde.
Se sienta. Aguarda.
Y sonríe cuando los amantes
pronuncian ”para siempre”.


Y yo quedé aquí,
detenido entre las ruinas del cariño,
aprendiendo con lentitud
que también el amor
sobrevive convertido en ausencia.
Con los brazos aún abiertos,
abrazando el aire
que antes tenía tu nombre.