A veces, cuando te veo de espaldas
y el viento despeina tu cabello,
tengo ganas de detener el tiempo
porque siento que un día voy a necesitar ese recuerdo para sobrevivir.
Sé que voy a olvidar tu rostro.
Voy a intentar reconstruirlo en mi memoria
y solo encontraré pedazos:
tu risa sonando lejos,
tus manos desapareciendo de a pocos,
tu voz convertida en eco.
Pero ojalá nunca se me vaya ese instante.
Tú caminando delante de mí,
sin saber que yo ya estaba sintiendo tu ausencia
mucho antes de perderte.
Y me rompe el alma pensar
que quizá, cuando ya no estés,
voy a pasar años intentando recordarte
mientras abrazo desesperadamente
la imagen de tu espalda y tu cabello en el viento,
como quien aprieta contra el pecho
lo último que le quedó de la persona
que más amó en esta vida.