Tres colores indistintos y lejanos
dueños de la lluvia, vientos y la brisa;
del horizonte la sierra se divisa
el cielo imponente y soberano.
Las nubes blancas se posan en vano
listas para llorar sin amargura,
pero, rápido pierden su blancura
la brisa se las lleva de la mano.
Y en el amago de lluvia fallido,
se diluyeron los reacios colores,
solo el gris y verde han salido.
Otro día esperando en la cima,
qué el suave viento se ausente,
que se diga: la lluvia de aproxima.