Los miserables del sentimiento
llevan por fundamento
sus lamentos y su
infortunado destino.
Les sobran reproches,
pero no hay en ellos
autocrítica.
Con el vacío de un ego
herido, viven culpando
su destino amargo.
Los miserables del sentimiento
laten en pequeñas dosis;
no saben de la virtud,
ni la empatía, ni la entrega
al ser querido.
Comparten a cuentagotas
sus pensamientos, emiten
injustificados argumentos.
Los miserables del amor,
austeros de cariño a dar...
Solo acusan y reciben lo mismo.
Jaher