Lincol

LATIDO DEL CONCRETO

 

LATIDO DEL CONCRETO


En la ciudad se multiplican
las grietas como espejos,
cada sombra es un lenguaje
que no sabemos descifrar.

El concreto late,
pero no como corazón:
late como máquina cansada,
como reloj que olvida la hora.

Nos movemos entre muros invisibles,
códigos que nos nombran sin voz,
puentes que prometen futuro
y se detienen en mitad del aire.

¿Es cárcel o es refugio
este laberinto de luces rotas?
Quizá la sentencia no esté afuera,
sino en la costumbre de mirar 
sin ver, de habitar sin preguntar.

Y aun así,
en cada plaza vacía
queda la posibilidad de un gesto:
un árbol que insiste,
una palabra que resiste,
una chispa que recuerda
que todo muro
es también umbral de lo posible.


— LMML