Fue una despedida sutil,
sin llanto,
sin un “te extrañaré”
colgando de los labios.
Solo el silencio
y mis manos buscándote
como quien intenta cubrir
todo aquello que un día no supo dar.
Cada caricia llevaba un cariño
llevaba ternura
porque en el fondo sabía
que otras manos, ya conocidas,
terminarían borrando las mías.
Y aun así
aproveché cada día contigo
como quien abraza por última vez
sin decirlo.
Porque el último día
fue apenas un instante:
tú solo querías cariño…
y yo,
como siempre,
te lo di.