La mesa está vacía,
la noche huele a ayer;
tu taza todavía
me pregunta por qué.
Se marchitó la rosa
que puse en el balcón,
mas tu voz silenciosa
me habita el corazón.
Yo cuánto quise darte
un cielo y un jazmín,
y el tiempo vino a alzarte
muy lejos a su sinfín.
Ya peinan las estrellas
mi pobre soledad,
y aún tus manos bellas
me vuelven a llamar.
Emiliodr/Mayo 24/26