XIV

DOS

Cuatro noches, junto a plegarias, pero el sol volvió a sonreír, y los ojos volvieron a cerrarse. El corazón y el cerebro volvieron a danzar juntos, mientras el plomo se hacía más liviano. Que sería de la luz sin la sombra, aunque para mí ojalá el negro no existiese. La compañía sigue siendo mi refugio y no debo olvidarlo, o caeré nuevamente en el bucle del llanto. 

Dios siempre con su mano abierta, esperando que se entrelacen mis dedos a los suyos. Perdón por olvidarte, por hablarte con la boca y no con el corazón. Una nueva oportunidad, un nuevo yo, una nueva sonrisa.