Me gusta el eco de tu acento,
me apetece tu compañía
y me duele la melancolía
del aroma ausente de tu céfiro.
Nace en mí un suspiro,
mi mundo anhela tu sonrisa
que tan fácil se cohíbe,
todo tiene sentido, y nada lo tiene
si se oculta tu presencia.
Tu rostro me enseña una piedra,
se colorea de amarillo,
tus ojos son cristales que no
sé qué reflejan todavía,
cosas del alma mía.