El álamo de aspecto blanquecino
y casi deshojado
que fuera referente en el camino
y el cierzo ¡tantas veces ha azotado!,
ha tiempo que dejó de ser frondoso
y sombra de labriegos y pastores.
No sirve para válido reposo
a alegres estorninos bullidores.
Mas él, suntuoso, yergue se hacia el cielo;
pues antes que derriben sus residuos
los mangas, y se pudran en el suelo
o utilizados fueren como leña;
sus brazos cederá para que anide
y dé vida a sus pollos la cigüeña.
Que no se desmelenen las campanas
de las vetustas torres castellanas,
ni añadan dramatismo en trance tal.
De sus fauces bronceadas y bruñidas
sus lenguas no nos den un recital
con notas espaciadas y afligidas.
Pues en su descendencia
nos queda de su especie la existencia,
que pronto ha de aliviar al caminante
si se muestra con todo su rigor
el astro fulgurante.
Y así multiplicada su simiente
de acuerdo con la ley de a natura
en su reino vigente;
testigo de la historia en la llanura.
habrá sido silente.