EL ALMA QUE HABLA EN EL AIRE
No busco rimas forzadas ni estructuras que encierren,
sino el eco de lo que late cuando el mundo calla,
cuando la luz del alba dibuja en el vidrio
la sombra de mis manos que escriben sin tregua.
Veo el pan sobre la mesa no solo masa y fuego,
sino el sudor de quien lo labró, el amor de quien lo sirve,
siento el calor que guarda entre sus costras tiernas,
como un abrazo viejo que nunca se olvida.
Miro el árbol en el patio no solo corteza y hojas,
sino los años que lo sostienen, los vientos que lo enseñaron,
siento su raíz que busca la tierra profunda,
como mi alma que busca el lugar donde pertenece.
Escucho el susurro del viento no solo aire en movimiento,
sino la voz de los que ya no están, los sueños que se fueron,
siento su aliento en mi pelo, su tacto en mi rostro,
como un recuerdo vivo que nunca se desvanece.
No hablo de cosas grandes ni de glorias lejanas,
sino de lo pequeño que llena el espacio del ser:
el latido de un corazón, el brillo de una lágrima,
el eco de una palabra que se quedó en el aire.
Porque el alma no vive en lo alto ni en lo lejano,
sino en cada gesto sincero, en cada mirada clara,
en la sinceridad que abre las puertas del mundo,
en la autenticidad que hace de la vida un canto.
Autor:
NOAH
SUBIN