Cuando te recibo,
somos como un diluvio en un incendio...
en urgente aliento...
Y florece tu lienzo,
cuando te miro, te contemplo y te observo,
en un amoroso escenario...
El agua y el fuego,
la brasa encendida en tu lenguaje húmedo...
¡Cómo canta el verano!
Y qué goce salado,
el fuego consentido en tu playa de agosto,
a la sombra del ocaso...