Karen Paola Bravo

Solo...

Solo quiero ser suave, sutil y brillante 

como aquel cálido rayo de sol

que se esparce por el cielo

hasta terminar por apagarse. 

Ser ligera y tímida 

como el susurro del viento 

que te alberga entre su velo

fino y delicado, 

cual pajarillo cantando 

mientras reposa en la rama de un árbol, 

a la orilla del río. 

 

Solo quisiera ser pluma, 

que la vida me envuelva entre la danza de las hojas

que al caer se liberan del cúmulo 

de promesas rotas, 

esas que penden del árbol

ya agotado de ser árbol,

de ser ramas, raíces... 

de ser vida. 

 

Solo quiero ser navegante

entre abedules o pastizales, 

perderme en el horizonte y olvidarme 

de que alguna vez

fui alguien...

Y hoy ser nada

o quizá un poco, o de pronto un hada: 

dar la idea de que quizá existo

y a la vez, con la posibilidad de que 

jamás nadie me hubiera visto. 

Ser solo un misterio, 

ser la sombra de la noche; 

ser apenas el atisbo del diluvio que es llovizna, 

esa que no te ahoga 

ni te deja en la sequía. 

Ser...

solo ser algo

o tal vez nada.

Y existir tranquila aún en la incomodidad 

de la contradicción de mis palabras.

 

Ser libre: 

sin presión constante

ni reclamos alarmantes. 

Quiero descansar del vaivén de los males e infortunios

y dormir en el lecho del sueño más profundo; 

yacer en una estrella adherida 

a las alas de la noche,

esa estrella que sin pretender ser algo más:

brilla y brilla siempre, 

aún cuando nadie se percata de que ahí está

inerte, 

silente.

 

Solo ser, sin tener que ser.

Solo...

Sola. 

Y nadie más.