Al fondo,
al fondito de la tierra,
cerca de las raíces
de todas las flores,
semillas se riegan.
Entre tanta tierra,
me pregunto si,
tan solo respiraré algún día.
Anhelaba ser flor
desde que llegué
como semillita,
pero extrañaría las raíces,
¡somos tan felices!
El agua cristalina
me ayuda a crecer,
incluso el dióxido,
me hace de nuevo nacer.
Y si me enredo en las raíces,
¡qué tanto problema!
Cada vez las siento más lejanas,
¡al respecto hice tantos poemas!
Quiero ganar respeto.
pero,
mi respeto también...
No me alejen de la tierra aún,
¿por favor?
\"Hay nubes allá arriba\",
me dicen los tubérculos.
No sé cuando las vieron,
¿seré tan crédulo?
Pero si yo solo conozco
mi hogareña tierra dulce,
¿cómo hago que la valentía
alguna vez me impulse?
Y es que cada vez
que estiro mis hojitas
cerca de la faz,
me arrepiento un poquito.
Y al rato me envalentono
y vuelvo a sentirme mal
y veo atisbos de nubes,
¿dónde me voy a quedar?
Mis raíces me llaman,
no quiero dejarlas.
Miro hacia arriba,
tan cerca de la superficie,
y solo me devuelvo.
¡Bajo y bajo hacia ellas!
¿Cómo creí que vería el cielo?
Me siento tan
pequeño.
Mientras desciendo más,
y más adentro de la tierra,
pienso que alguna vez
soñé con la guerra.
Y soñé con la paz,
y soñé con el amor,
de una regadera.
Ya no soy semilla,
¿qué estoy haciendo?
Miro mis brotes
y marchitarse los veo.
Las raíces se acercan a mi,
y me levantan mis hojas
con tanto sigilo.
Me cuentan,
después de tanto tiempo,
que sus raíces,
son solo su comienzo.
Me instan a subir,
una vez más,
mientras mis propias raíces
sólo quieren bajar.
Me ninguneo
y me pido por favor,
un por favor tan desesperado,
que me pido perdón.
Voy,
ya voy en camino,
a ser una flor.
Un girasol fuerte,
que irradia calor,
que no vive en la tierra,
sino
que mira
al sol.
Sí hay nubes en el cielo,
gracias, Dios.