Tengo un cuerpo
lleno de vacío,
un pulso restricto,
y negaciones.
Una existencia estanca,
etérea,
liviana como mentira,
indescifrable como esperanza,
terca como necedad.
Soy un cuento
a punto letra,
una esquela,
una excusa,
la circunstancia de alguien más.
Tal vez el trance,
entre origen y asesino,
la nube
que niega el índigo
al desconocer su propósito.
Y aunque intento llenar
este cuenco remanido,
descubro que el vacío
no me sienta mal.