Dicen que el corazón de un niño
late distinto cuando duerme en tu pecho
o cuando cuelgas su arte en el marco de la puerta.
Dicen que ese corazón necesita una figura presente,
alguien que no se sienta sola ante su delicada indiferencia,
con un pecho flexible solo unos años más.
Un pecho que asimile cuánto necesita
ese pequeño corazón
sentir unos latidos.