Deja de sangrar por la metáfora
para que la metáfora sangre por él.
El corazón traiciona a la razón
y el dolor estrangula sensatez.
Su mundo aún sigue despierto
cuando él ha comenzado a soñar,
y mientras el sueño va,
él regresa de la pompa fúnebre.
Alma caníbal de su propia carne,
olvida parchear sus heridas
para relamerse la cicatriz.
Saboteador de su felicidad,
desea volar tan alto
como le alcance el precipicio,
teniendo en cuenta que sus alas
son de ida a la caída sin vuelta atrás.
Cuando los ojos se diluyen
en la ilusión óptica, deja de ver
el azul para saborear el cielo,
de atisbar el esplendor de la rosa
para lamentar su futuro marchito.