Robotín

Cuando el poeta se come a la persona

Deja de sangrar por la metáfora

para que la metáfora sangre por él.

El corazón traiciona a la razón

y el dolor estrangula sensatez.

Su mundo aún sigue despierto

cuando él ha comenzado a soñar,

y mientras el sueño va,

él regresa de la pompa fúnebre.

Alma caníbal de su propia carne,

olvida parchear sus heridas

para relamerse la cicatriz.

Saboteador de su felicidad,

desea volar tan alto

como le alcance el precipicio,

teniendo en cuenta que sus alas

son de ida a la caída sin vuelta atrás.

Cuando los ojos se diluyen

en la ilusión óptica, deja de ver

el azul para saborear el cielo,

de atisbar el esplendor de la rosa

para lamentar su futuro marchito.