Una neblina en los ojos,
una peliculita grasa
difumina el contorno
de las letras, una mucosa
inflamada a la altura
de la nariz (por dentro)
dibuja ese velo, un visillo.
Un nublado leve, naranja,
se extiende entre mis ojos
y el poema que ahora perpetro
y por eso, amados lectores, no
respondo de lo que vais a leer,
(por favor, no leáis lo que negro
sobre blanco voy escribiendo,
es nocivo).
Una neblina en los ojos
que con el transcurso
de las líneas va cayendo, abajo,
a un escritorio de noble madera,
soporte mudo de estos desatinos,
y grave se escurre sobre mis piernas
desnudas (hace calor aquí, ahora).
Una neblina en los ojos, histórica,
acaba de pasar a unos anales inéditos,
unos que no han resistido el agua a presión
de mis palabras, y no pudo por menos
que caer vencida, pidiendo árnica.