Tanuska

Césped artificial

Una estrella irrumpió en mi habitación.

Me acerqué al ventanal,
quedándome ciega, sintiendo el calor palpando mi frente.

Mi rostro iluminado,
mi cabello suelto y desordenado,
no eran más que horror vivo.

Me acosté sobre un césped artificial, esperando su llegada.
El sol me pegó en la cara creyendo que yo era la más bonita,
pero llovió cuando abrió su ojo.