sominona

al viento

Al viento hay que escribirle, porque al hablarle tus palabras vuelan.
Tan fuerte, que hasta el mar se torna violento si este se enfurece.
Todos sienten tu canto: desde la piedra en lo alto de la montaña hasta los ríos que corren por valles sinuosos.
Montañas y valles que hacen sonar tu canto, más bravo que el rugir del lobo, al que sedujiste mostrándole la luna para así empaparlo bajo la lluvia.
Sabiendo tú que solo estás enfureciéndolo con tal de hacerlo aullar a tu son, y así no sentirte solo.