¿Cuándo volverás, alma mía, al reposo?
A olvidar lo que has aprendido.
A hacerte de la felicidad con ese asombro inocente.
A dejarte sorprender.
A no saber nada y ser de nuevo feliz.
Sin pecar de ignorancia,
a salvo de lo que arrastra
el desamor,
la tristeza
y el rechazo.
Que la sonrisa deje de ser una máscara.
Que te sientas capaz y con fuerza.
Sin miedo, con ganas.
Otra vez tú.
La del principio.
La que se fue quedando atrás y empequeñeció.
Que se quedó en una caja junto a sus muñecas y sus sueños.