Desde mi hundida cama, tan pútrida y decadente
Encuentro con mis ojos la silueta marcada
Tras los prados que antes eran costumbre
Y ahora me producen una rota nostalgia
Una ortiga nostalgia.
Y la silueta está ahí y acá,
Pálida e irreal, amorotonada, fría.
La rigidez que me contagia sin fin
Solo me permite verla, pensarla, y seguirla.
Encuentro en sus costillas marcadas tras la piel,
En su pelo suelto tras las orejas
En sus rojos talones
Un extraño dolor en mi pecho,
Un dolor que me busca y condena
A no volverte a ver más.