Hay ríos que no llevan agua
y otros que solo ven pasar pensamientos.
Una rotación traslada a la otra,
cruzando de un tiempo al siguiente,
y casi seguimos siendo los mismos.
En ese vértigo no hay tiempo de llorar
al que se ha ido, al que hemos perdido;
pero aquí y ahora somos los nuevos:
aquellos que creen seguir siendo los mismos.