El oleaje del mar
se enreda en el corazón,
cuando en el puerto se oye
de la guitarra el bordón.
Huele el aire marinero
a salitre y albahaca,
y el mar emite un suspiro
que en el corazón se clava.
¡Ay, pena mía!
¿Por qué me ahogas?
¡Corta la soga,
de mi agonía!
Me fui buscando un fandango,
al bar La Pescadería,
y encontré a un viejo cantando
su copla por alegrías.
Hay un eco en la taberna
de palmas y algarabía,
que encienden la madrugada
las coplas por bulerías.
¡Ay, pena mía!
¿Por qué me ahogas?
¡Corta la soga,
de mi agonía!
El Guadalete me llama
con su espejo de cristal,
y yo le cuento mis penas
pa’ que las arroje al mar.