…Sonríes…
Abre los ojos, amor.
Recostado a tu lado,
mi dedo traza en tu rostro
un viaje sobre tu piel.
Tus labios se estiran suaves,
—luna que sonríe—
como saludando.
…Descansas…
Abre los ojos, amor:
estoy aquí.
Tu frente se rinde al sentir
mi pulgar… lado a lado,
recorriendo ese mapa secreto
que esconden tus labios.
…Callas…
Amor… abre los ojos.
La mañana nos espera
—como esperan las promesas—.
¿No quieres venir?
Hace frío en tu silencio
y quisiera abrigarme
con las palabras que guardas.
…Esperas…
Amor… abre los ojos.
Me bastaría otra vida
si supiera, sin duda,
que los vas a abrir.
¿Sabes, amor?
El azul del día aún nos pertenece
mientras el tiempo aguarda
(y en su juramento)
va perdiendo la memoria.
…Te quedas…
No te preocupes, amor,
cuando la luz de la tarde sea olvido
me alzaré despacio,
sin despertarte.
Quiero verte dormir
mientras cierro la puerta,
buscando en tus ojos
el reflejo oculto
de ese sueño que cuenta
que fui para ti.