Mis lágrimas caen lentamente sobre este papel en blanco, la tristeza es un peso duro que llevo en mi pecho. Le escribo a la mujer que amo discretamente en mi pensamiento, aquella que ya no me voltea a mirar cuando pasa.
Ya no la veo cruzar por las mañanas como antes lo hacía, no me ha vuelto a decir hola, y su ausencia me duele en el alma. El romanticismo vive en mí aunque ella no lo sepa, porque todo este amor que siento es real, puro y tranquilo.
Busco a mis amigos para compartir lo que escribe mi alma, pero ellos ya no quieren leer mis letras ni unirse a mi canto. Se niegan a sintonizar su voz para crear esas melodías, esas notas que antes nacían de mis versos ya hechos.
La tristeza se vuelve más dura en la rutina de cada día, cuando los amigos no quieren interactuar de manera amigable. Yo solo busco un momento fortuito para compartir mi sentir, un espacio de tranquilidad donde la amistad cure el dolor.
Mis amigos ya no quieren musicalizar mis canciones a través de la lectura, me quedo solo con este amor directo que quema por dentro. Extraño el saludo de la mañana que me daba la vida, extraño ver tus pasos cotidianos cerca de mi ventana. Sigo amándote en en el silencio de mi mente cada segundo, con un romanticismo claro, sin mentiras ni fantasías.
Aquí se quedan mis lágrimas guardadas en estas palabras, esperando el día en que tu mirada vuelva a cruzarse con la mía.
RIVAS JOSE
Barinas Venezuela
23-05-2026