Reb Liz

Todo Lo Que Amo de Ti — Parte II

—¿Y si algún día cambias? —me preguntó mi amado.

 

Lo miré en silencio.

 

La luz acariciaba su rostro,

y por un instante

sentí miedo de que el tiempo pudiera tocarlo.

 

Pero entonces sonreí.

 

—Te seguiría amando igual.

 

Sus ojos parecieron perderse en los míos.

 

—¿Incluso si mis ojos dejan de mirarte como ahora?

 

Le acaricié el rostro lentamente.

 

—Entonces amaría la forma en que alguna vez me miraron…

porque en ellos encontré un hogar.

 

Sus manos buscaron las mías.

 

—¿Y si mis manos ya no pudieran tocarte?

 

Entrelacé mis dedos con los suyos.

 

—Amaría cada recuerdo que dejaron sobre mi piel.

 

Guardó silencio.

 

Uno de esos silencios que contienen sentimientos demasiado grandes para convertirse en palabras.

 

—¿Y si mis pies ya no pudieran regresar a ti? —preguntó en voz baja.

 

Y esa vez,

mi corazón dolió un poco.

 

Pero aun así sonreí.

 

—Entonces sería yo quien caminaría hasta encontrarte.

 

Sus labios temblaron apenas,

como si estuviera intentando no romperse frente a mí.

 

—¿Y si un día ya no recuerdas mis labios? —susurró.

 

Me acerqué lentamente,

hasta que nuestras frentes se tocaron.

 

—Entonces volvería a enamorarme de ellos…

como la primera vez.

 

Sus brazos me rodearon con suavidad,

y comprendí algo que nunca antes había entendido.

 

Que el amor no vive solo en los ojos,

ni en las manos,

ni en los labios.

 

El amor vive

en cada forma en la que un alma decide quedarse.

 

Cerré los ojos

y sonreí contra su pecho.

 

—Porque ya no amo solo partes de ti…

 

Ahora amo todo lo que eres.