Hago vereda entre las hojas del guayabo
para ver si su olor cristalino da un numen
a mi inspiración tardía; pues no, al parecer,
está en un lugar recóndito y desapercibido.
Trato de discernir mis dudas, pero mi
entendimiento se ha solapado entre
hojas podridas y marchitas, más
el crepúsculo interior de mi existencia.
Ya me encontré, de tanto redundar
y redundar: ha estado cerca de mí,
sí, cerca de mí. Es mi querida y
entrañable amiga actual, ¿sabes quién?
La alienación mental.