¿Dónde se encuentra
el equilibrio entre
lo finito y lo eterno?
¿Dónde esa línea discontinua,
ese espectro de sombras,
ese flujo universal
en perfecta sintonía
coexistiendo el uno con el otro?
¿Adónde? ¡Díganme!
¿Dónde se crea la perfección
que vuelve real lo irreal,
cada forma,
cada vacío,
sincronizados al milímetro
en percepción,
tiempo y espacio?
¿Qué probabilidad existe
de experimentar,
a través de la abstracción,
ficción y realidad,
ilusión óptica,
materia solidificada
en constante vibración?
¿Acaso somos el anagrama
de un experimento programado,
lo perfecto y lo imperfecto
sacado de un mismo texto,
sin pretextos?
Tal vez solo seamos
la punta del iceberg…
energía universal digitalizada,
minuciosamente interpretada
en una dimensión más profunda,
más allá de los límites físicos.
Me pregunto si la vida
tan solo sea
una proyección ficticia,
efecto óptico-espejo…
y si nosotros,
una simulación en cadena,
espejismo masivo, colectivo,
en una misma frecuencia.
Más allá de los sentidos:
galaxias embrionarias,
miles de billones de partículas —
electrones, neutrones, fotones —
átomos interceptados, subrogados
por una fuerza superior,
capaz de sostener las masas.
Recuerdos implantados,
aduladores del pensamiento
codificados.
Patrones repetitivos
escrupulosamente diseñados.
¿Y si solo fuéramos
aquello que soñamos,
rodeados de agujeros negros
donde son devorados los sueños
que al despertar no recordamos?
Más allá…
la mente.
¿Qué fuerza extraordinaria acontece?
¿Acaso, sin el milagro
de la vida,
existiría la muerte?
© IP . India. 22-05-26