Francisco Mesina

Madre

Esta frágil carne ha sido tu herencia,
más las enfermedades que padezco,
una vida colmada de inclemencias,
tu relevo en este juego perverso.

 

Solo la vejez y la propia muerte
le pusieron freno a tu necedad
de colocar al servicio tu vientre
de esta absurda maquinaria social.

 

Si yo hubiera sido tu único hijo,
la venganza habría sido perfecta,
negándome al ciclo reproductivo,
condenando a toda tu descendencia.

 

Jamás sentiré tan solo una pizca
de aquella pasión entre tú y mi padre,
de aquel orgasmo que te dejó encinta
o del amor luego que me alumbraste.

 

Ya cumpliste con tu fin en la tierra,
el de aumentar la fatal entropía,
intentar perpetuarte en los que quedan
cuando todos morirán algún día.

 

La parca a veces tarda, pero llega.
Hoy descansas en su maternal seno.
No volverás a andar sobre la tierra;
esa madre no expulsa a sus pequeños.