José Luis Barrientos León

Detrás de la máscara del signo

 

La palabra es un puente falso tendido sobre el caos.

Dice \"nada\" porque es un cadáver de la experiencia,

un concepto disecado para los débiles que temen al abismo.

 

Y, sin embargo, ¡cómo ruge el silencio que sepulta!

Esconde el Todo, la voluntad que late bajo la gramática,

como el desierto sepulta pozos de fuego,

como la forma oculta la fuerza que la devora.

 

¿El ojo que mira? Una ventana al fondo del volcán.

La mirada es el destello del guerrero antes de la herida.

No mendiga respuestas, decreta un destino.

Es la lluvia ácida que quema las máscaras de la cordura,

el mapa de oro de un tesoro que solo los audaces desentierran,

pagando el precio con su propia sangre.

 

La verdad no es un bálsamo, es un hacha.

No dice nada porque las verdades de los hombres son mentiras útiles.

Pero en su entraña esconde el fuego primordial,

una hoguera que se alimenta de certezas muertas,

una roca soberbia que prefiere ser polvo antes que esclava del tiempo.

 

Si tú me faltas, el abismo me reclama.

No seré nada: la caída libre del que pierde su gravedad.

Lo seré todo: la tempestad liberada de sus cadenas,

el dios que debe morir para dar luz a una nueva estrella.

 

Tus ojos no son un nido, son el filo del acantilado.

Ahí guardo mis alas para ascender al Superhombre,

y ahí descubro la orilla trágica donde elijo naufragar,

porque solo los que se ahogan en su propia grandeza

tienen el derecho de volver a nacer.