Revelo mi etimología.
Despliego la génesis
de lo que no pronuncio.
Y nombro
la curvatura insinuada
de mi alfabeto.
Describo el sentido.
Sin léxico.
Sin resguardo.
Solo la forma
en que el lenguaje
se inclina
hacia ti.
Conjugo tus silencios.
Los pluralizo.
Los vuelvo impulso
entre sílabas
que no terminan
de precipitarse.
Hay asteriscos
en lo no escrito.
Incandescentes.
Como si el idioma
intuyera
más de lo que consiente.
El tiempo
se pliega
en tu respiración.
Y lo ordeno.
Lo intento.
Pero se disipa.
Lo comprimo.
Todo el espacio
en un punto.
En la pulpa
del clímax.
En el borde
de la coma
que rehúsa
concluir la frase.
Onomatopeyas
sin territorio.
Sin gramática estable.
Solo sonido
que se ruboriza
al existir.
Y en ese temblor…
el lenguaje
ya no explica.
Siente.
Ingávida,
desciendo
hacia el verso final…
Apodyopsis
de lo que imagino
sin tocar.
De lo que nombro
sin decir.
Y el punto y coma
tiembla.
No escinde.
Vincula.
Sensualmente.
Indómito.
Elipsis que respira
más de lo que silencia.
Y el lenguaje…
por fin
desobedece.
La 💙 Gitana