racsonando

Cuando muera el poeta...

Cuando muera el poeta...

 

Cuando muera el poeta...

Sí, cuando el hombre y la mujer

de la palabra disfrazada,

la palabra cansada,

la palabra de aliño y moho,

la del pan remesa,

la del hambre y la agonía... 

Cuando ellos llenen el cofre de sus melancolías

y se brinde con lágrimas ante la noche dormida,

pondré alas a mis ojos para vigilar el abismo.

 Una corona de lirios para mis voces mudas,

y en la lápida del viento dejaré grabado...

mi obituario de acostumbradas dudas.

¡Cuando muera el poeta! 

El tintero estará espeso,

teñido con la tinta de su ocaso...

Entonces, a la deriva de una barca

que vanamente busca sus orillas,

beberé el extraño brebaje

de las lunas inconclusas. 

Y con sus últimas brasas

encenderé los párpados del alba...

¡Para que no muera el poeta!

Para que aún respire,

debajo del musgo y las cenizas...

una sílaba de asombro. 

Pongo mis palmas en tu hombro

y te nombro:

hombre... mujer...

y mi eterno poeta.

 

Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos.