La fiesta internacional del balompié.
Como todo en la evolución de la especie humana presenta cambios, esta fiesta del balompié permite contemplar e incluso hasta admirar, cómo el hombre en su idea de reunirse cada cuatro años, nos muestra una cantidad considerable de avances en favor de lo que podríamos considerar una torta que sirve como aliciente para la armonía y la paz entre las naciones. Amén de otros grandes beneficios. Según el portal de cultura, recreación y deporte del gobierno en Colombia: “Es poderoso catalizador de integración social, diversidad cultural y crecimiento económico. El torneo fomenta la cohesión global al trascender fronteras políticas y sociales, inspira hábitos de vida saludables, e impulsa el turismo y la creación de cientos de miles de empleos en todo el mundo”.
Fiesta que se compara con otro evento de casi igual magnitud y proporción, solo que no posee la misma difusión en medios de comunicación, que se celebra con la misma periodicidad y que heredamos de los griegos: Las Olimpiadas.
A esta fiesta del balompié, por supuesto, fueron invitadas todas las naciones donde se práctica la disciplina de forma organizada, pero con la precisión sistemática que no todas se ganaron el pase y derecho a tener tarjeta de invitación.
Es decir, la fiesta tuvo su preámbulo con una especie de jornadas que permitieron hacer una depuración de los invitados. He acá un primer gran detalle, ya no son 24 sino 48 los países invitados que se ganaron el derecho a estar en el certamen. Certamen que tiene cada detalle muy bien analizado y con esmerado trato, de acuerdo a esa tan bien planificada evolución, que podríamos simplificar en un objeto que se han dado a la tarea de mostrar con diseño y tecnología y no tiene otro nombre que el señor Balón. Sin él la fiesta no tendría la asistencia al estadio por parte de la afición y menos los millones y millones que siguen los pormenores de la fiesta por medios tan avanzados como la web o la pionera televisión.
Hago acá un paréntesis, no todo el mundo es aficionado al consumo de café, por citar un ejemplo, la prueba, es este humilde servidor, para nada me gustaba el café, fue en la ciudad de Manizales, Colombia, donde recibí en su Universidad una cátedra de las bondades en el consumo del café.
El anterior cotejo tiene su explicación. La popularidad del torneo, analizada mediante informes de audiencia de la FIFA, destaca en las siguientes cifras: Más de la mitad de la población mundial sigue el certamen de la Copa Mundial. En la edición de Catar 2022, un total de 5.000 millones de personas interactuaron con el torneo. Además, la final entre Argentina y Francia atrajo a una audiencia histórica de 1.500 millones de espectadores globales.
Alcance acumulado: Se calcula que hasta dos tercios de la población mundial ven al menos un partido durante todo el mes que dura la competición.
Audiencia en vivo: Durante 2022, la audiencia media en directo por partido fue de 191 millones de personas.
Proporción nacional: En las naciones de las selecciones finalistas o semifinalistas, el seguimiento llega a paralizar al país. Por ejemplo, en Japón, un partido de fase de grupos llegó a captar a casi el 30% de toda la población nacional.
Asistencia a estadios: En el certamen de 2026 organizado por Estados Unidos, México y Canadá, la FIFA proyecta una asistencia física récord de más de 6 millones de espectadores, superando las cifras de cualquier edición anterior.
Pero no todo es color de perlas en la viña del Señor. Sin mencionar otros aspectos en contra del evento (el altísimo costo económico, lo que genera fuertes fricciones políticas, logísticas, y graves preocupaciones sobre la seguridad y los derechos humanos en los países anfitriones), me permito mencionar lo que más nos debe preocupar: El impacto en el ambiente: Es innegable que los eventos deportivos masivos tienen una huella de carbono devastadora. La dispersión de sedes, los enormes desplazamientos aéreos de equipos y aficionados, y la expansión del torneo (a 48 selecciones) aumentan exponencialmente la contaminación y el gasto energético.
Sin obviar que el Sol posee manchas. De esta fiesta podrían escribirse, y, de hecho, las hay, enciclopedias enteras. Cada cuatro años, es una página donde queda escrita una historia que no es la misma, por supuesto. Cambian los personajes, algunos que pasan sin pena ni gloria, otros que se destacan por su maestría en el trato al balón, por supuesto en un trabajo en equipo, cabe acá la mención de Edson Arantes Do Nacimento, mejor conocido como el rey Pelé. Y la lista de jugadores memorables es kilométricas y de tanta dimensión como el tamaño de un gigantesco estadio.
La lista de beneficios es igualmente kilométrica. “En años recientes, la Copa del Mundo se ha convertido en una plataforma para promover la inclusión, erradicar la discriminación e impulsar la igualdad de género, por ejemplo, mediante la inclusión histórica de mujeres en los equipos de arbitraje y la visibilización de los derechos humanos.” https://www.viceversaglobal.com/
Esta es la no tan sucinta historia contada por un escritor que sueña desde niño, (de niño quien no tuvo sueños, recuerdo que en la calle me destacaba, no en el driblin o la gambeta, hacia una labor más apasionada, narraba el juego desde la acera imitando a los locutores de la emisora predilecta Ecos del Torbes en la ciudad de la Cordialidad, donde el balompié y el ciclismo comparten la misma atención de la afición, quien lo iba a creer que para ese entonces ya era un enamorado de la comunicación social, no como locutor, narrador, comentarista, sino como educador en la radio), soñaba para ese entonces, seis décadas atrás y perdonen la distancia, que a mi país lo invitaran a tan Magna fiesta. O, mejor dicho, que se ganase el derecho a disfrutar de las mieles de este festivo evento. Es probable, no debemos los venezolanos, por nada del mundo, perder la fe.
¿Tienes fe? Yo sin duda, creo con confianza y esperanza en todo lo que sea un parabién.
¡Amen y amén! Sin tilde y con tilde también.
Hermes Varillas Labrador
#FormandoCiudadanía & #ElArcoIrisDeLosNiños
22 de mayo de 2026.