Cierro los ojos,
inspiro profundo:
mi alma arde en azul,
asciende por un túnel
placentero como útero.
Cruzo nebulosas,
se abren ojos como promesas,
la energía quema,
plasma recuerdos
en muros que nombran.
No hay cercos,
ni cerca:
el horizonte es fábula
que desintegra el ser,
hasta soltar mis átomos a la deriva.
Soy destello,
apenas fulgor,
en un barco de velas
que mueve la incertidumbre,
con un timón sin sentido
cuando acaba el destino.
Surge una imagen difusa,
niebla de balcones y rascacielos
inertes,
que fingen embarazos.
Y esa luz tan blanca
que me revela por dentro,
allí,
donde nace mi universo.