Leoness

Quiso el destino

Y allá quiso el Destino que las vidas confluyeran,

que en los labios de oro las palabras se durmieran,

y en el sagrado tiempo detuvieran su caudal.

 

Que enlazados de manos, con orgullo soberano,

exhibiéramos este amor sublime y tan profano,

bajo el palio celeste de un idilio inmortal.

 

Que los cuerpos fundieran su calor en armonía,

mientras lejos, constante, se escuchara la melodía

del estribillo rítmico que brota del sentir.

 

¡Y salir de este mundo! y en un limbo de azucenas,

sin leyes, sin espacio, sin las terrenas penas,

con los ojos cerrados, perpetuar nuestro latir…

 

Dejar que la materia se vuelva al fin volátil,

y flote la ilusión, como un ensueño frágil,

en el triunfo supremo de la carne y del vivir.