Sin embargo, yo no era el peregrino.
No era mi cuerpo
el que se subía en el barco.
Ni esta vez, ni en las demas era así,
porque me volví
me convertí
para ti,
en el hogar de tu Ítaca.
Al que no volverás,
ni tú ni todo el que ha pasado
por mí.
Trastoqué el curso del fervor,
te curé de las heridas
y besé tus cicatrices para que
pudieses partir.
Sabiendo que yo me quedaría aquí,
mirando el reflejo del cielo,
buscando con un beso,
con una la cabeza gacha
buscando la falta
de la silueta
que me acompañaba.
¿O seré yo quién me vaya
antes de que me alcance el alba?
Esto me desgarra,
empezar de nuevo me arranca.
Pero nadie sabe amar,
una vez que tu desnudez la das.
No es el cuerpo en las brasas,
es el alma en ascuas.
¿Quién dejará de pasar por mí,
para quedarse conmigo aquí?
Alguien a quien no sea estorbo,
y comprendan por fin mis esbozos.