Gabriel Aranda

A MI MADRE.

Astro en el que me cobijé,

alumbró mi camino

y

en sus últimos días

estoicamente

finalizó su atardecer

dada su cercanía.

 

Bondadosa de piel y corazón,

margaritas en flor

transitaron

entre horas sin sueño

y

lágrimas sin secar,

en el pozo de aquella nostalgia

que no sollozaba

ni derramaba...

Admiración siempre tuvo

de aquellas notas

que le enamoraban,

siendo de la primera

hasta la última

Chopinianas...

 

Innumerables veces

olvidé que era

veinte de diciembre,

más tú nunca

perdiste de vista

esmero

aquel veintiuno de enero.

 

Nunca te dije

eres la mejor madre del mundo,

cuando mereciste

en oro y diamantes

semejantes pedestales.

 

Siempre en mi vida

estará este hueco

en mi sentir

y

aunque te cuidé

hasta mi último aliento,

no tengo consuelo

que me pueda perdonar

las injusticias

del camino

sembradas

de espinas heladas.

 

Astro que te fuiste,

ilumina el final de mi camino,

porque dada su cercanía

ya no es lejanía

su cercanía...