Astro en el que me cobijé,
alumbró mi camino
y
en sus últimos días
estoicamente
finalizó su atardecer
dada su cercanía.
Bondadosa de piel y corazón,
margaritas en flor
transitaron
entre horas sin sueño
y
lágrimas sin secar,
en el pozo de aquella nostalgia
que no sollozaba
ni derramaba...
Admiración siempre tuvo
de aquellas notas
que le enamoraban,
siendo de la primera
hasta la última
Chopinianas...
Innumerables veces
olvidé que era
veinte de diciembre,
más tú nunca
perdiste de vista
y
esmero
aquel veintiuno de enero.
Nunca te dije
eres la mejor madre del mundo,
cuando mereciste
en oro y diamantes
semejantes pedestales.
Siempre en mi vida
estará este hueco
en mi sentir
y
aunque te cuidé
hasta mi último aliento,
no tengo consuelo
que me pueda perdonar
las injusticias
del camino
sembradas
de espinas heladas.
Astro que te fuiste,
ilumina el final de mi camino,
porque dada su cercanía
ya no es lejanía
su cercanía...