No existen las tinieblas
Te llama mi voz en el viento sordo y vacío de eco
Me responde tu ausencia, bofetada muda en mi cara incrédula.
Buscándote, mis ojos escudriñan el horizonte sin fin
Sólo ven el reflejo de mis lágrimas de niña en el espejo del abandono.
Te esperan mis manos ahuecadas bajo la fuente insondable de nuestro lazo visceral
Corre el agua del silencio cruel e insostenible entre mis dedos huérfanos.
La vibración de mi piel hacia la tuya, magnética e imposible de contener
Se disuelve, perdiéndose en la esperanza vana y ya no encuentra su norte.
En cambio mi corazón no se rinde.
Porque sabe que la ternura seguirá brillando más allá del tiempo hostil.
Por muy frágil que sea la llama, ya están vencidas las tinieblas.