¿Has escuchado esos malditos semáforos en la madrugada?
Cambian de color aunque no pase nadie.
Igual que los relojes, siguen avanzando aunque uno ya esté destruido.
También están los niños bajo la lluvia, riéndose como si el mundo no fuera a pudrirlos después.
Yo antes escuchaba todo eso.
El tic tac.
La lluvia golpeando el pavimento.
Los motores ahogándose en las avenidas.
Pero luego volví a mirarte a los ojos.
Y el resto se fue al demonio.
Ahí recordé por qué me obsesioné contigo.