Elthan

Derrumbe animal.

Derrumbe animal.

 

La quietud del cuarto,
tic mortal sobre las sábanas húmedas,
Un edificio enfermo que se obstina en caer,
ni el sol logra atravesar las tinieblas
pegadas al borde de las ventanas,
flores secas quedaron tiradas.
El tiempo arrastra
hacia un cruce sin escapatoria.

 

 

Hubo intimidad alguna vez,
la coincidencia absurda de dos “animales”
buscando maquillar la lejanía.
La verga buscó el lugar donde el deseo se oculta,
la vagina respondió con hambre y furia,
cuerpos que fornican como bestias heridas abrazadas a su tumba,
sin amor…
solo deseo,
orgasmos desbordando las paredes.

 

 

Debajo de la piel,
un espectro sentado junto al espejo.
Cada palabra una blasfemia,
la caricia, forma invisible de coerción,
un burdo intento de ternura.
Ni siquiera la noche soportaba mirar demasiado.

 

La figura permanece tendida sobre las sábanas:
sudor, semen, angustia, respiración rota.
La habitación olía a deseo consumado,
regocijo transformado en cansancio
y una sequedad rasposa en la garganta.
Ella miró el cielo con desesperanza;
él, el límite de la cama
como quien contempla lo cotidiano.
Aquel altar no concedió clemencia,
mutismo absorbido por el olvido:
que engulle ciudades, flores, criaturas y testigos.

 

Descendió despacio,
una sustancia flotando, opresiva.
Vapores mezclados entre reflejos dorados,
esquirlas del amor colapsado.
Esa fatalidad serpenteaba
mucho antes de que las siluetas se encontraran,

observando la mancha húmeda sobre la mortaja
donde ambos reconocen su celo.

 

La vida siguió indiferente,
la luz del amanecer parecía corrompida.
En la penumbra final de la habitación:
el ser humano puede besar, fornicar, amar, destruir,
sellar el juramento en lo interminable,
pero se repliega a su zona primaria,
donde incluso el placer
parece otra forma elegante…

destructiva.

 

 

xElthan