Hablo con muertos,
hablo con muertos, digo,
vos en mi mente,
mi prosa,
mi diálogo vivo.
No asisto a sepulcros,
no es allí donde habito,
no descifro laberintos,
no traspongo pantanos,
solo a veces muero
para entrar en su plano.
Hablo con muertos,
hablo con muertos, sigo:
y aunque juzgues incrédulo,
sé bien lo que digo.
Es un juego de imágenes,
de un pasado dormido,
que despierta presente
si los pienso conmigo.
Sangra la voz,
ausente el sonido,
por la carretera del universo,
vigésimo noveno sentido.
Hablo con muertos,
hablo con muertos, digo,
que creas mis palabras
lo dejo a tu albedrío.
No dejo de creer ni desconfío,
llevo en mi carne
las respuestas que ansío.
Y allí concluyo:
hablo con muertos,
porque en mí
la muerte sigue viva.