Si dejo de respirar y mi pulso se apaga,
si el pensamiento se disuelve y mi mundo se desvanece,
si dejo de existir y quedo libre de toda presencia…
liberado de mí mismo, de todo lo que conocí, de aquello que me suma y me resta,
como lo que permanece invisible por no necesitar ser visto, y no tiene nombre porque no necesita palabras…
más allá del ruido cotidiano y del vacío que lo envuelve todo, dejadme, que como ola que rompe en la orilla...
volveré al lugar de donde vine, al que todo el mundo vuelve.