Su cálida mirada
de luz fue mi farola,
sus labios fueron copas
de melífica savia.
Abrigo fue del alma
su piel fresca y sedosa;
su cálida mirada
de luz fue mi farola.
Su voz fue la sonata
más dulce y más melódica;
y como regia aurora,
de amor sería flama
su cálida mirada.
Autor: Aníbal Rodríguez.