En medio de cerros y montañas,
donde las aves cantan
y las nubes descansan,
el sol brilla
y la aurora se levanta.
Los monos, en sus juegos,
rompen el silencio del lugar,
y los pájaros, en su coqueteo,
llenan de vida el bosque primaveral.
Las hojas de los árboles
suaves cayendo están,
y los saltamontes inquietos
de rama en rama volando van.
El aguililla en su canto
surca los cielos sin cesar,
como guardián de la montaña
que no deja de vigilar.
Y así, entre sonidos y vida,
la naturaleza vuelve a hablar,
recordándonos en su calma
lo hermoso que es respirar.