De su cama se levanta; (me postro).
Lleno de frío, toma un cafecito.
Trata de encontrarse, echando un grito:
frente a su espejo, se ve todo el rostro.
Su calendario: primero de agosto.
Se busca, se pinta...; (yo me derrito).
Pálido, seco y muy poco exquisito.
Podrido en oro, pero ¿a qué costo?
El cementerio dice a luz: abierto.
Pues pronto le lloverán muchas misas.
¿Qué más puedo decir del pobre Alberto?
Y sin querer, le agarraron las prisas.
No te apures, pues aún no está muerto.
Sus recuerdos: lágrimas, pocas risas.