Bajo techos de escayola
y altiveces doradas,
se congrega
el cenáculo de los elegidos.
Allí,
el alma se hunde
en alfombras
que no dejan huella.
La métrica se mide en quilates.
Y el verso
es un accesorio de Louis Vuitton,
confinado
en libretas
que jamás han sangrado.
Se agitan las plumas de Mont Blanc
como espadas de plata
en un duelo de espejos.
\"Yo soy de Harvard\",
proclama una voz.
\"Yo...
de la estirpe de Cambridge\",
replica el otro.
Y mientras afuera
aguardan los Mercedes,
los Lexus
y los Rolls Royces...
la palabra
es solo un trofeo.
Una moneda de cambio.
Un intento
por comprar la eternidad
con un título.
¿Y yo?
¿De qué barro
han amasado mi alfabeto?
Comprendí
que la belleza
no habita en el boato.
Este...
no es mi lugar.
Salí a la noche,
que no sabe de jerarquías.
Y en la acera,
un hombre
era un poema sin márgenes.
Un nudo de sombras.
Un cuerpo
que es su propio exilio.
Me senté a su lado.
En el grado cero de la gloria.
Él no tenía títulos.
Yo no tenía respuestas.
Pero teníamos
el mismo frío
recorriéndonos las venas.
—¿Escribe usted poemas?
—pregunté a su cansancio.
—Apenas sé escribir...
—me respondió su silencio.
Entonces,
intercambiamos ausencias
como quien reparte el pan.
Le hablé
de mis inviernos internos.
De los vacíos
que no llenan los libros
ni los laureles.
Él me habló
del hambre
a las tres de la mañana.
De cómo el corazón,
sin abrigo,
se encoge
hasta hacerse piedra.
Él puso la herida.
Y yo puse el trazo.
Él puso el abismo.
Y yo...
puse el nombre.
Y allí...
con un dedo
sobre el polvo de la acera...
escribimos
—los dos—
este verso
que ninguna pluma de oro
podrá jamás igualar:
\"No es poeta
el que sabe nombrar la herida...
sino aquel que,
estando herido...
todavía
es capaz de alumbrar.\"
Me levanté
siendo otra.
Adentro
se quedaron los eruditos,
discutiendo
—sin ninguna inteligencia—
el peso de una coma.
Mientras afuera...
sobre el cemento...
se quedaba vibrando
la única verdad
que importa:
que la poesía
no se estudia.
Se padece.
Y que para ser Dios...
primero hay que saber
ser hombre.
Miren el rastro de luz
sobre el polvo...
y díganme:
¿Dónde habita
el verdadero poeta?
L.T.