Las palabras se desmayan en el vacío que lo traga todo
caen sin ruido, como hojas secas en un pozo profundo, donde no hay ecos, ni respuestas, ni mañanas.
Tú estás en tu tormenta, salvando los náufragos de tu sangre, y yo me quedo aquí, en la orilla de tu ausencia
custodiando el faro de una seguridad que solo existe cuando me abrazas.
No te culpo. Sé que tus manos están ocupadas sosteniendo el peso del mundo
pero este silencio, mi amor, mide semanas y pesa inviernos.
Es un puente colgante sobre la nada, donde espero que el aire vuelva a ser tuyo.
Escribo para nadie, porque tu mente está llena de ruidos ajenos
escribo para vaciar el pecho de esta espera que me asfixia
y para recordar que, aunque hoy seas solo un fantasma en mi pantalla
nuestro refugio sigue intacto bajo
la hiedra del tiempo.
Guardo mis versos como quien guarda pan para el invierno.
Vuelve cuando puedas respirar.
Aquí sigue la luz encendida.