Mi casa, mi madre,
la que me espera y acoge.
Su corazón
se abre de par en par
cuando regreso a ella.
Cada noche saboreo su dulzura.
Mi casa, mi madre.
Con ella contemplo
la alegría de otros soles
a través de sus amplios ventanales.
Cuando la linterna del techo se enciende,
puedo jugar con las estrellas
y las nubes cargadas
de recuerdos.
Mi casa, mi madre,
refresca mi alma,
que a menudo descansa
en la verde entrada.
Ahí donde mis pisadas
se saben seguras.
Ahí me espera y acoge:
mi casa, mi madre.