racsonando

El idioma de mis dedos

El idioma de mis dedos

 

 Estas palabras reclaman un norte

De mi mano zurda

—o quizá sorda—

amarillea el viento,

un fruto de palabras.

Y viaja suspendida

mi carne y su pasión.

El ojo pinta ahora

iridiscencias pasajeras;

el alma está cautiva,

soy presa de las sombras,

y una guitarra vieja

nos llora su canción.

La noche deja entonces cenizas

en mis párpados,

un temblor de campanas

debajo de la piel;

y un pájaro de niebla

golpea mis silencios

como quien busca a tientas

el nombre que se fue.

 Mano zurda,

mano sorda,

hilo de tinta en la oscuridad;

nadie escucha el idioma

de mi rincón de soledad.

Tengo un sabor de soles

atorado en mi garganta,

y bebo con tu luna

las sombras de un adiós.

De mi mano zurda

caen alfabetos rotos,

pequeños animales

de tinta y soledad.

Nadie escucha el idioma

que pronuncian mis dedos

cuando la noche inclina

su lámpara de sal.

Mano zurda,

mano sorda,

hilo de tinta en la oscuridad;

nadie escucha el idioma

de mi rincón de soledad.

Ah, luna que proyectas

mis voces destempladas,

¿a dónde van tus sombras

si ya no somos dos?

Ah, luna de los náufragos,

de las cenizas lentas,

¿a dónde van tus fuegos

de luz amortajada?

Cruzan aves antiguas

el musgo de mi pecho;

trinos acompasados

deshojan la penumbra.

Y un bosque de rumores

alambiquea la noche

mientras mi sangre aprende

la lentitud del agua.

 Ah, luna que enmudeces

un sino de palabras,

deja encendida al menos

la brasa de tu nombre.

¿A dónde va mi fuego

cuando aflora tu mañana?

 ...nadie escucha el idioma

de mi rincón de soledad. 

Racsonando Ando  / Oscar Arley Noreña Ríos.